Hace bastante tiempo que escuché por primera vez de ciertas anomalías que se habían observado en algunas de las pocas sondas espaciales que se han aventurado al sistema solar exterior como las famosas Pioneer en los 70s que parecían diferir en los cálculos esperados para su interacción gravitaría en mayor medida conforme más se alejaban del sol. El famoso astrónomo y divulgador Carl Sagan también apuntaba en su conocidísimo programa televisivo Cosmos de los años 90 a un comportamiento extraño de la gravedad que parecía ser «una fuerza con una interacción mucho más débil» que otras fuerzas como el magnetismo. Desde entonces son varias las voces que han dejado caer aquí y allá la posibilidad de que esta acción débil de la gravedad se deba realmente a que la estructura del universo podría ser más compleja de lo que pensamos y que, tal vez, parte de la fuerza gravitatoria «escapa» hacia otra dimensión que podría ser imperceptible para nosotros. Sin embargo nada hacía pensar que las leyes de la gravedad de Einstein describieran de forma imprecisa el comportamiento de esta o que alguna prueba señalase que necesitaban ser revisadas porque no describían con suficiente exactitud el comportamiento de los sistemas observados (de hecho, existen diversas pruebas empíricas de la exactitud de las ecuaciones de Einstein que han permitido hacer predicciones asombrosas sobre el comportamiento de un reloj atómico a velocidades supersónicas, sobre la existencia de lentes gravitacionales, imágenes especulares de objetos debidas a la influencia sobre la luz de cuerpos masivos, la constatación física de la existencia de los agujeros negros, o las ondas gravitacionales) por lo que a menudo estas posibles desviaciones se achacan a errores en las medidas, la sensibilidad de los aparatos, la influencia del viento solar, al empuje de la radiación solar, etc..

Pero Einstein también encontró algo que le perturbaba en la forma en que el universo se expandía, las galaxias observables y sus interacciones parecían ser el comportamiento esperado de cuerpos con mucha mayor masa. Es decir, la materia que podíamos observar no podía explicar el movimiento de las galaxias, así nace la materia oscura. Fuera como fuese la existencia de la materia oscura, una materia misteriosa que posiblemente debería estar formada por partículas subatómicas, que afectan gravitacionalmente a los cuerpos pero, que sin embargo no interaccionan con nada, ni siquiera con la luz ni con ellos mismos haciéndolos indetectables, no se discute en la actualidad. A pesar de esto, la posibilidad de que haya algo en la forma en que sentimos la gravedad que nos pudiese dar una pista de que vivimos en un universo de más de tres dimensiones parece algo plausible y emocionante a la vez. Algunas de las modernas teorías que intentan unificar las diferentes ramas de la física conocida parecen apuntar en este sentido como la conocida teoría de cuerdas.

Demasiadas cosas no cuadran y estoy seguro que harán que la ciencia haga lo que mejor sabe hacer: rectificarse, perfeccionarse y avanzar. Tal vez esté a la vuelta de la esquina la respuesta a muchas de las grandes preguntas: Donde ha ido la antimateria del universo?, que causa la inflación que vemos en el universo?, existe la materia oscura?, por qué hay tanta materia que nos rodea pero que no podemos ver?, que causa los efectos a distancia como el spin del electrón?, realmente existen los agujeros blancos? y si no existen.. a donde va todo esa materia?. Creo que vienen tiempos interesantes para la física en las próximas décadas, agárrense señores, que nos vamos!.

Review del interesante libro «Universos Paralelos» de Michio Kaku. https://www.youtube.com/watch?v=rkmBNhDgw1M

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