SIEMPRE TÚ.

Compartí contigo tantas mañanas.. Daba igual si miraba con desidia el teléfono, repasaba la reunión, o volvía cansado, allí estabas tú, tan perfecta e inmortal como el primer día. Pero hoy era distinto, había decidido coger ese tren para no volver, no volvería a subordinar mi vida a aquella rutina ni volvería a esconder mis sueños bajo esa corbata, aún estaba a tiempo de cambiar mi vida.. Volví la vista atrás por última vez para despedirme de ti, echaría de menos la impresionante vista del puerto y los amarres y el ver tu silueta acompañándome en tantos atardeceres. Juraría que en aquel momento a lo lejos, vi parpadear el resplandor de la farola(1), y aunque solo fue un segundo, en ese instante juré que la vi guiñarme el ojo y yo le prometí que volvería.

TE VI

Luz, oscuridad, recorrí los asientos sin saber que estaba buscando. Besos en la frente. Canciones a lo loco. Las olas del mar. La nieve en nuestras manos. El crujir de las hojas. Las estaciones jugaban a disfrazarse… Luz, oscuridad, las puertas se abrían y cerraban y las caras se sucedían, y de repente lo vi, el más dulce beso que pudiese existir, un susurro, una sonrisa confidente y supe que lo había encontrado, un amor imposible que no podría alcanzar, a dos asientos de distancia, luz, oscuridad, luz, y ya no estabas. Se fue tu mirada cómplice, quedaron mis celos prisioneros, de aquel túnel, de aquel metro, desconocido.

HORIZONTE DE SUCESOS

El olor del mar, las olas contra las rocas.. Miraba el infinito mientras pensaba en ti. Mi plan había ido tomando forma desde que tuve uso de razón. Solo me faltaba aplicarlo. Había poco a poco dejado de interesarme de mi día a día, y lenta y sin darme cuenta me había aferrado a la rutina y aprendido a olvidar el azul profundo de tus ojos. Azul, el mar… Apreté el conmutador y fijé el destino, «s50014+81», el mayor agujero negro detectado. «Desplazar coordenadas», 2 minutos luz del horizonte de sucesos. Si no moría instantáneamente lo haría contemplando la oscuridad más pura del universo, accioné el disparador apretando los ojos… y de repente lo oí, el rumor del viento peinando la arena,  levante la mirada, y allí estabas tú. – «Vamos, lleguemos hasta el final del espigón de la farola» – me decías. Había llegado tarde, y sin embargo… justo a tiempo, mientras las olas seguían chocando.

José A. García.

(1) En Málaga (España) la costumbre popular es nombrar al faro de la ciudad de forma cariñosa en género femenino, de ahí el término «farola» normalmente referido como «la farola», esta costumbre también existe en algunos países de latinoamérica como Argentina.

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