Es difícil negar la naturaleza animal de las personas si el instinto más básico de todos, el de la supervivencia, se manifiesta de forma tan visible y predominante como se presenta la sexualidad en los humanos.  Quizás sea por eso que todas las religiones han asociado lo sexual con la tentación, con el pecado y la han prohibido o convertido en un tema tabú. Desde siempre se ha asociado la vida alejada de esas tentaciones como una forma de acercarse a dios, la religiosidad o incluso la meditación o  la sabiduría. Es por eso que las religiones de todo el mundo con raras excepciones la han prohibido y marcado como algo reprochable. Pero la prohibición muchas veces fomenta fanatismos y casi siempre resulta contraproducente.  Hace que nos opongamos  a normas que creemos impuestas y faltas de razón porque no emergen de nuestros propios razonamientos.

Yo he sentido en mi mismo el poder de seducción de las hormonas, y he visto como eran capaces, ciertamente, de inducirme a comportamientos que nunca hubiera llevado a cabo de forma consciente. He visto como esas sustancias (químicas a fin de cuentas) se acumulaban en mi cuerpo y iban envenenando mi mente poco a poco con falsos pensamientos y falsas prioridades. Y como me parecían reales todas esas ideas que en realidad no eran mías y que no se sujetaban por el mas pequeño razonamiento. Esta,  en el ser humano siempre es una lucha desigual. Es una batalla que no se puede ganar;  puede que sea fuerte nuestra determinación de escapar de su influencia pero las hormonas son una fuerza paciente y de eliminación muy lenta. Se vierten a nuestra sangre y allí esperan escondidas, acumulándose poco a poco, y poco a poco influyendo en nuestra mente, y manipulando nuestros pensamientos. Hace falta una gran madurez para encontrar ese punto de equilibrio que nos permita un pleno desarrollo personal e intelectual, y muy a menudo no se esta preparado para hacerlo.. yo no estoy preparado aún. En el fondo actúan como cualquier droga, generan euforia, crean dependencia, adicción, y al retirarlas, síndrome de abstinencia.. pero con la enorme desventaja de que, la fuente de esa droga, la llevamos incorporada de fabrica en nuestros cerebros. Demasiadas de esas sustancias en tu cuerpo harán apagarse tu curiosidad, tus ganas de aprender, tu moralidad, tu capacidad para apreciar la belleza y convertirán tus sentimientos poco a poco en una mentira que pronto no reconocerás, donde no te reconocerás a ti mismo. Demasiado poco, te hará perder el control, ir de un extremo a otro y en una palabra te alejarán de la estabilidad que todos buscamos. Entre ambas cosas un punto que nunca alcanzas. Quizás el truco para escapar de ese falso juego sea aceptar que no hay forma de ganar, que hemos perdido de entrada, y que lo único que podemos hacer es seguir lo mas cerca que podamos de ese centro y lo mas cerca que podamos de nuestro verdadero yo.. preguntarse el «por qué» por qué es mas importante esto que esto, por qué quiero esto, por qué tengo ese sentimiento.. casi nunca hay un «por qué», como el tabaco, o el alcohol, la mayoría de las veces se trata simplemente de un impulso irracional. Aunque parezca exagerado, no lo es, y merece el esfuerzo intentarlo. Yo nunca he ganado el juego, pero si algunas partidas, y cuando lo haces parece como si el alejar ese veneno de ti te hiciera estar mas cerca de la realidad y del mundo, ver las cosas con mayor nitidez y sentir como si tus cinco sentidos funcionaran mejor. Y no me refiero a algo metafórico ni a nada místico, ni a nada etéreo e impalpable.  Es algo muy real, una vez que los equilibrios en tu cuerpo comienzan a normalizarse, y la droga desaparece de tu cuerpo, tu percepción empieza a funcionar mejor, empiezas a apreciar los colores del cielo, la profundidad de las nubes,  los olores, el olor a marisma, el frescor de un día de invierno, el tacto cálido de un ser querido.  Simplemente te sientes mejor, duermes mejor, y empiezas a apreciar detalles que antes no habías visto en todo tipo de cosas.. y por supuesto tus motivaciones cambian.

A la gente le gusta pensar que por una o otra razón (evolución, gracia de dios, o suerte) se nos dotó con una especie de don divino que nos hace ser mejores; nos creemos por encima del mundo, y nos creemos con derechos de ser mejores que todo, de medirlo con nuestro corto punto de vista homo-céntrico. Pero cuando ves lo dependientes que somos de los procesos químicos que ocurren en nuestro cuerpo te das cuenta de que es mentira, estamos enormemente influidos por nuestra naturaleza, nuestra percepción de todo lo esta, en todo momento, y basta unos segundos de acción hormonal, solo 4, 5, 10 segundos (tan corto es el tiempo necesario),  para que todo lo que somos se voltee del revés y nos dejemos llevar por el peor instinto primario que conservamos y nos olvidemos del que posiblemente es el mayor don humano, que es la capacidad de preguntar el motivo de las cosas y de disfrutar de cosas que aunque no satisfacen nuestros instintos nos hacen sentir bien y nos llenan por dentro. En lugar de eso nos dejamos llevar por la inconsciencia y hacemos girar toda nuestra vida, (la única que tenemos), sobre falsas ideas que nos impiden disfrutar de la verdadera realidad.. y todo con tal de sobrevivir, de responder a esa directriz que marca todos los aspectos de nuestra vida, que nos empuja a aparearnos para que nuestra genética perdure. Hace unos meses que en primera página de algunos periódicos locales, abajo a la derecha, se publica un anuncio donde aparece una chica en camisón junto al mensaje «el sexo es vida». Parece que a pesar de nuestras diferencias, la mayoría de los hombres y de las mujeres piensan de esta manera. Pareciese como si la felicidad o la plenitud personal dependieran del número o del nivel de nuestros encuentros sexuales. Soy hombre, y como tal, sé lo que es enamorarse y me he sentido atraído por muchas mujeres, a veces sin saber muy bien porque, un roce, un aroma, una sonrisa… Sin embargo para mí, el sexo es señal de mi propia debilidad, representa el momento en el que mi naturaleza fagocita a mi moralidad, es doblegarse a lo fácil, ceder a nuestros impulsos, dejarse llevar por  sensaciones de bienestar efímeras, que nos transportan de nuevo a la prehistoria donde el valiente cazador agarra a la mujer del pelo y la arrastra a la cueva para violarla, que degradan la dignidad que tenemos como personas y fomentan nuestra impulsividad, el «ahora» frente al «yo». Por supuesto forma parte de nuestra naturaleza, de nuestra herencia genética como animales sexuales y debe formar parte de nuestra vida porque no puedes luchar contra tu propia naturaleza para siempre, lo sé, pero a mi no me parece motivo para estar orgulloso. Hemos avanzado mucho y ahora esta de moda decir con la boca grande que defendemos al 400% la igualdad de derechos de las personas, sea cual sea su genero, origen o etnia. Pero cuando llegamos a la cama seguimos degradando a nuestras mujeres y volvemos a la cueva. Cada día se rompen familias, se destrozan matrimonios, se abandonan hijos, incluso se mata por un impulso, porque no somos capaces de resistirnos al mandato de nuestras hormonas y cedemos al mandato de la serotonina. No quiero ser así, y por eso elegí hace algunos años ser diferente o al menos esforzarme en serlo… quiero hacer algo más que sobrevivir. La verdad es que, pensándolo bien, sobrevivir es una palabra curiosa, sobre-vivir.. supongo que debe hacer referencia a extender la vida.. conseguir seguir viviendo.. creo esa idea no hace justicia a la vida, porque esa palabra no habla de la calidad que mantenemos en ese tiempo extendido.. Y eso no es un tema secundario.. priorizar tus instintos y conocer tus emociones es una parte importante de esa calidad de vida y intento no olvidarlo.. No se si alguna vez conseguiré «mi equilibrio» pero lo sigo intentando, cada día y con toda la determinación de una tarea fundamental en mi vida.

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