La vida de las personas es un periodo de tiempo limitado. Se podría valorar si ese periodo es corto o largo pero en cualquier caso es limitado. Eso hace que durante nuestra vida sinteticemos nuestras propias verdades a partir en una gran parte de nuestra propia experiencia subjetiva. Estos principios conforman nuestra moral y los creemos autenticos y verdaderos pues son el fruto de nuestros propios errores. Podemos intentar enseñar nuestra experiencia a otros pero casi siempre será un trabajo infructuoso; la moral no se puede enseñar ni tampoco puede venir impuesta por ninguna religión, norma moral, o estado. El ser humano por naturaleza siente el impulso de contradecir aquello que se le impone y generalmente este impulso es mayor cuanto mayor es la prohibición. Los niños sienten curiosidad por el fuego pero no quiere decir que tengan impulsos pirómanos o quieran ver arder su casa. Muchas voces supuestamente conocedoras y defensoras del intelecto humano hablan del hombre como un ser dotado de una conciencia superior sobre el mundo y el resto de las cosas. Pero a la vez esas mismas voces promueven una moralidad impuesta y carente del ejercicio que realmente convierte al hombre en una especie merecedora de poblar el mundo, el ejercicio de la razón. Y moral sin razon es igual a oscuridad y desconocimiento.

Moral significa muchas cosas, significa sentirse parte de un mundo mas grande, significa conocer las consecuencias de nuestros actos, significa reconocer nuestros errores, nuestros fallos, aquello que aborrecemos de nosotros mismos y aquello que nos hace ser nosotros, significa elegir, pero hacerlo no por miedo o por coacciones sino por convencimiento.

La moral se puede enseñar, pero nunca imponer, ni siquiera a nosotros mismos. A veces sabemos que algo es incorrecto incluso que nos arrepentiremos de nuestras acciones pero aún así buscaremos escusas en nuestras dudas, y posiblemente necesitaremos equivocarnos para elegir el camino adecuado, necesitamos equivocarnos.. lo cual no quiere decir que tengamos que ser cómplices de aquello que no nos gusta, pero algunas cosas solo se aprenden a base de nuestros propios errores.

A veces hay que darse contra las paredes para comprender que el camino que buscamos esta justo en el centro, y otras necesitamos seguir golpeándonos hasta hacernos daño para comprender que en esa dirección no hay un camino.

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