El otro día escuché a un sacerdote hablar de recuperar el ecologismo del hombre, como si el ecologismo del hombre fuera ajeno al ecologismo de todas las demás especies del planeta. La palabra ecologismo y la palabra ecosistema están íntimamente relacionadas. Nuestro planeta y nosotros somos uno y eso es algo que les da miedo afirmar.. porque el hombre debe ser privilegiado. Y negándolo, niegan parte de la espiritualidad que buscan, que no reside en el hombre sino en aquello que permite al hombre existir. Despertar cada mañana y sentir el aire en la cara; notar la lluvia al caer; sentir el calor de un rallo de sol y saber que producto de una reacción nuclear extrema que sin embargo, nos da la vida; el tacto de un árbol antiguo cuya vida trasciende a la de cualquier humano, un cielo estrellado cruzado por la Vía láctea.. Y, negando la verdadera naturaleza humana, dentro de un ecosistema complejo y hermoso, niegan la mayor oportunidad que se le ofrece a cualquier religión. La oportunidad de explorar la enorme magnificencia, la enorme divinidad a escalas inimaginables que supone que estemos aquí, nuestro pequeño planeta, nuestra pequeña estrella, en una esquina infinita de un rincón infinito, del infinito universo, y que todo haya empezado con una bacteria y antes de eso, con un estallido. Tal vez la radiación microondas de fondo, además de probar que existió un Big Bang, sea la marca de la mano de ese dios que buscan. ¿Acaso no es impensable para el hombre hablar en magnitudes del universo, y no es dios algo fuera de toda comprensión igual que ese gran estallido que creemos que inició todo lo que conocemos?.

Y sin embargo, los extremísmos religiosos siguen hoy día negando la ciencia. Para mí negar la ciencia esta fuera de toda lógica.. la ciencia predijo la existencia del átomo, de elementos químicos que nunca habíamos visto. La ciencia predijo la existencia de los planetas extra-solares antes incluso de que nadie pudiese probar su existencia.. las ecuaciones de Einstein predijeron los terribles efectos de la bomba atómica antes de que existiera y predijeron la existencia de algo que jamás hubiésemos sido capaces de imaginar: los agujeros negros. Hoy sabemos que un enorme agujero negro de miles de millones de veces la masa de nuestro sol existe en el centro de nuestra galaxia, y para mí.. eso es algo de enorme trascendencia.. sin quererlo, sin sospecharlo, caemos lentamente hacia él.. hacia lo desconocido.. un lugar de luz, destrucción y renovación. Un lugar donde la física se vuelve demasiado compleja para que la comprendamos, un lugar fuera del alcance humano, sin duda en el terreno de algún tipo de fe, pero no ajena a la ciencia.

Pero mucho antes.. nuestra estrella se apagará, será una muerte silenciosa, no como la de otras estrellas. La ciencia también predijo y explicó como las estrellas explotan en un estallido de supernova, mucho antes de que astrónomos de todo el mundo pudiesen verlo suceder. Un rugido de creación, un final y un comienzo. Las leyes de la física sin duda a esas escalas solo pueden ser descritas como algo divino, pero no una divinidad a imagen y semejanza del hombre. La búsqueda de dios que debería hacer el ser humano es la búsqueda de aquello que nos une a la tierra, a un árbol, a la hierba, al sol, a las estrellas, el agua, el oxígeno que respiramos, el orden sobre el caos. La remota improbabilidad de que estemos aquí, y que sin embargo sigamos estando, formando parte de un universo en el que cada instante mueren mundos enteros y nacen estrellas.

Agujero negro galáctico activo visto por el telescopio espacial Hubble. Si el de la Vía láctea entrara en erupción podría erradicar la vida una gran parte de la galaxia.

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