El ruido de los motores dejó paso al silencio en las ciudades, conforme los antiguos coches a motor desaparecían una especie de desasosiego se apoderó de mucha gente. Nunca había sido tan patente que el mundo ya no era como creíamos.

Elaine cerró los ojos y trató de dormir, mientras apartaba de su cabeza las preocupaciones de la larga jornada en el laboratorio. Hoy habían encontrado dos buenos candidatos para el estudio. Había sido un día provechoso, pensó, una racha de suerte. A Elaine le costaba relajarse desde que la habían ascendido a jefa de grupo, sabía que el proyecto era importante, o al menos para ella lo era. Estaba demasiado acostumbrada a obtener resultados sobre el papel. Normalmente trabajaba con modelos, simulaciones, que ayudaban a prevenir riesgos, a evaluar materiales o procesos, o a recrear ambientes o condiciones ambientales que en realidad no existían. Pero esto era diferente, este trabajo podría tener aplicación directa en la tarea de campo, mejorar la vida de las personas, y garantizar la sostenibilidad de todo un ecosistema. Deseó poder tomarse unos días libres y ir a alguna parte, lejos de la multitud y de la gente. Quedaban pocos lugares así, casi ninguno, quizás en otro tiempo, me gustaría volver atrás en el tiempo, pensó, a un tiempo menos complicado. Nadie se preocupaba de la sostenibilidad a finales de siglo, cuando se perdían 30 especies animales cada 10 años. al principio fueron especies que simplemente se consideraban molestas como el lobo o el conejo, o apetitosas como la paloma americana pero pronto se rompió el equilibrio en los ecosistemas y muchas mas acabaron desapareciendo. Los científicos y la comunidad internacional preservaron muchas especies, es cierto, pero el ser humano es descontrolado y las razones dadas por los científicos no convencían a nadie. Muchas veces se escuchó por televisión hablar de que la cura de algunas de las enfermedades más peligrosas, o que el secreto de la inmortalidad, residían en la biodiversidad natural. Muchas veces se habló del fin de la pesca, o de la desertificación. Pero en el día a día ajetreado de el cosmopolita y tecnólogo humano de finales del siglo 20 no cambian otros razonamientos que el progreso y la plenitud tecnológica.

El cambio climático tampoco ayudó. No ocurrió como dijeron que pasaría. No hubo grandes tornados. Ni los huracanes barrieron los continentes. Pero aún así sucedió y fue mas rápido de lo que hubiésemos pensado. Muchas ciudades costeras vieron como sus avenidas y sus lujosas casas con vistas al mar acabaron ciertamente con primeras vistas. Muchas zonas de cultivo se inundaron y quedaron contaminadas de salina produciendo grandes pérdidas. Muchas ciudades tuvieron que construir diques, y se gastaron muchos millones en canalizaciones, para mantener el mar alejado de las zonas mas pobladas. Muchas islas desaparecieron y incluso algunas ciudades tuvieron que trasladarse por completo. Otras finalmente quedaron abandonadas y son ahora un montón de ruinas que son tesoro de grandes buques chatarreros en la bajamar.

Cuando Elaine era una niña, solía apasionarle visionar aquellas películas de principios de siglo, en otro tiempo hubiese sido imposible pero gracias a la grabación digital aquellas imágenes podían visionarse casi 100 años después como si de ventanas del tiempo se tratase. Era curioso ver como en el pasado habían imaginado el futuro. En la mayoría de los filmes aparecían grandes metrópolis de metal coronadas con enormes edificios. Naves espaciales que volaban, edificios que hablaban y androides que resolvían todos los problemas que sus amos. La plenitud tecnológica tan soñada.

Fuese como fuese, el contemplar aquellas ciudades que un día fueron cuna de una civilización abandonadas era el duro despertar de aquel sueño que nunca se cumplió. La plenitud tecnológica, pensaba Elaine, era un termino contradictorio en si mismo pues los mayores inventos, aquellos que han dado mas felicidad a las personas generalmente no fueron tecnológicamente muy avanzados sino concienzudamente bien usados.

En aquellos tiempos pocos se paraban a mirar al futuro, se tomaron medidas, es cierto, se crearon parques naturales, y se establecieron restricciones en la caza y la pesca, pero hasta bien entrado el siglo 21, los residuos siguieron fluyendo por los ríos al mar y las basuras se siguieron acumulando en los vertederos. La tierra estaba envenenada y lo peor estaba por llegar.

A principios del siglo 21 se estimaba que el 25 por ciento de los mamíferos estaba amenazado de extinción, el porcentaje era algo mayor en anfibios y reptiles rozando el 40 por ciento. Pero mientras los esfuerzos científicos se centraban en la preservación de algunas especies y la ingeniería genética sorprendía al mundo devolviendo a la vida a algunas especies extintas de las cuales se había secuenciado su genoma, la naturaleza, nos devolvió el golpe.

Nadie había reparado en el grupo de especies animales mas amenazado de todos. Mas del 50 de los especies de insectos corrían serio peligro de desaparecer. Quien iba a reparar en algo tan insignificante como una hormiga, como un escarabajo, o una cucaracha? durante millones de años ellos habían sido los supervivientes, los grandes triunfadores y los grandes olvidados de la historia de la evolución y ahora iban a jugar un papel decisivo.  La naturaleza y el hombre, los océanos y los ríos, estaban heridos pero las medidas los mantenían en un equilibrio precario.

Pero en 2030 una nueva amenaza de la mano del hombre vino a desestabilizar este equilibro del que salimos perdiendo todos. Un gran avance médico sorpendió al mundo, después de mas de 80 años de búsqueda la medicina había encontrado un tratamiento eficaz contra el cáncer y este gran descubrimiento afectaría al destino de los seres superiores mas pequeños de la creación.

De repente los pensamientos se hicieron inconexos para Eleine, afuera hacia viento.. el susurro .. golpe-a-ba l..os cris..ta..les

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